microphones in the trees: bram devens
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Friday, September 25, 2015

ignatz


"What makes this tape different from all other Ignatz tapes? Not much really. The hermitic constancy of Ignatz’s songs is part of his greatness. This is Belgium’s finest guitar loner doing what he always does~sending chills down spines by way of the minor pentatonic.


There is, however, something distinctly “at ease” about these recordings. They are longer and dreamier than previous ones. Ignatz’s voice is softer and rounder. What once were funeral songs now sound hymnal; some almost have an Americana pietism. Perhaps the move from Brussels to the small town of Landen gave license to Ignatz’s solitary tendencies. I’m inclined to believe in the album title’s joyousness (the last one was called “I Hate this City”). I guess this is Ignatz when things are going pretty well." goaty tapes

Wednesday, September 10, 2014

ignatz & de stervende honden


"In the past 10 or so years Ignatz has explored all visible cracks and overlapping layers between (or underneath) folk music, blues, singer~songwriter and psychedelia. It is a pleasure to see him take this beauty to yet another level by unleashing 2 dying dogs to join him as a backing band, pushing his tunes into directions Les Rallizes Dénudés took a left and forgot their mountain of distortion, to end up in a dessert where Teenage Boys dance their first slow. De Stervende Honden know their place more then well, sending the anxious listener with endless muffled psych bass and primitive percussion into a kennel where after a few bites dream state replaces sense of direction, any moment on this record seems to be one you´ve experienced already." ultra eczema


La obra del belga Bram Devens sigue expandiéndose a cada uno de los pasos que emprende en su carrera dentro de manejarse en un espectro musical centrado en el blues-folk psicodélico y optando siempre por una producción de aspecto enmarañado y de baja producción. Se expande de manera silenciosa, cultivando en cada una de sus obras un maléfico y turbio encanto que nos envuelve y nos atrapa haciéndonos prisioneros de su música, donde siempre repta su voz frágil. Mirado en perspectiva, su obra ha ido creando clásicos de culto a cada paso, empezando por aquella trilogía para el sello belga (K-RAA-K)³ que empieza con un álbum homónimo en 2005 para después ir añadiendo matices a un folk que se salía tangencialmente del patrón norteamericano del tiempo, freak folk o como se le quiera recordar a día de hoy, y tampoco encajaba perfectamente dentro de otras tendencias europeas de aquellos días, como la islandesa, aunque siempre se manejaba en un aspecto rural y tradicional. Al igual que es difícil de encasillar a Richard Youngs o Jandek, por poner dos ejemplos, con el tiempo sus obras se volvieron más amorfas acercándose al mágico desconcierto de Alvarius B y siempre, trascendiendo en discos como “I Hate This City” (2011) y el año pasado con el maravilloso “Can I Go Home Now?” un particular perfume de oscurantista y clásica obra de edición privada perdida entre mediados de los 60 y los 70. La música de Ignatz siempre se ha mantenido en unos niveles de inspiración más que notables y su camino parece que siempre ha transitado en voz baja. 

Este año, sin embargo, no vuelve solo y se hace acompañar por Tommy Denys al bajo y la percusión de Eik Heestermans bajo el nombre De Stervende Honden (los perros moribundos) para crear una obra tan desgarrada y sobresaliente como “Teenage Boys”, que destaca este año en el catálogo del sello, también belga, Ultra Eczema junto al impresionante trabajo de Samara Lubelski “String Cycle” (aunque este lo retomaremos más adelante). La sencillez con la que parece balancearse este disco, en cinco composiciones maravillosas, alcanza unos niveles de perfección que terminan por estructurar un disco tremendo, un disco de aires también descuidados en la producción pero que en el acompañamiento junto a De Stervende Honden, Ignatz consigue aglutinar en un discurso de blues-folk abstracto, ponzoñoso por su aire narcotizado y los efectos empleados en el sonido de su guitarra unido a, cómo no, un sentimiento de mantra psicodélico de fragancia clásica que enhebra un delicado tapiz (grabado en octubre del año pasado en Les Ateliers Claus). ¿Por qué esta admiración por un disco que de momento parece apuntar a un campo ampliamente transitado como es el blues y el folk? Por la dificultad de encontrar belleza sin sonar artificial, de mostrar luminosidad desde el aspecto legañoso y descuidado de su sonido, junto a conseguir transformar en un lenguaje propio el sentimiento de estar ante una música experimental en la línea de los discos folk de Richard Youngs, de notar la fragilidad de Neil Young y la sensación de cocción a fuego lento que él acostumbraba en los maravillosos discos junto a sus Crazy Horse, Grateful Dead atiborrados de codeína, Ben Chasny volviendo a ser capaz de encontrar la inspiración, recordar trazos de obra que eleva a su protagonista como el “Superwolf” de Bonnie Prince Billy junto a Matt Sweeney, la suave tristeza de Zelienople, la respiración de David Pajo, el sentimiento de mantra blues espiritual de Junior Kimbrough... Todo tiene algo en conexión con “Teenage Boys” y nada es realmente este disco.

El disco abre desde el plano blues con el ritmo trotón de “I Gotta Pee”, mientras el bajo repta con clase y la voz de Devens se deja invadir por ese aliento pastoso después de beberte más de un litro de cerveza dejando que su guitarra vaya narrando el blues eléctrico de Chicago como lo imagina también Marc Ribot. Este inicio abre la puerta de manera animada para sumergirnos en la verdadera telaraña confeccionada por estos tres músicos, que con precisión y fijación por la repetición entregan la maravillosa “Teenage Boys” y recuerdas ese aire de rock psicodélico elaborado a cámara lenta y levitando a nuestro alrededor como un fantasma moribundo al que estamos acostumbrados en los discos de Ignatz pero expandido y con la amplificación espacial del acompañamiento de sus perros moribundos, secundándolo hasta empujarlo a un aspecto instrumental de sutiles aires de espiritualidad jazzy.  

De manera más dulce, le rodean en “Drinking Tea And Bloody Marys”, mientras la bella melodía de la guitarra de Bram Devens nos acurruca en una siesta alejada de los terroríficos calores estivales dejando que la brisa nos balancee en la hamaca y el grito chamuscado de las cigarras se silencie y, de este modo, sus siete minutos nos han evaporado en un espacio alejado del dolor y el peligro, recobrando la dulzura antes de encontrarnos con el que sin duda es el corte estrella del disco y, seguramente, la composición más devastadora de Ignatz en su trayectoria con “Japan is Romantic”, un monumento de cerca de trece minutos que reúne todos los aspectos que comentaba en la reseña al acercarse espiritualmente a tantos buenos recuerdos de lo mejor de las obras de algunos de los artistas citados anteriormente que parece escaparse de nuestras manos y, con ese latido firme y suave van cimentando la pasión de una composición que curiosamente también podría recordar a esas letanías de Les Rallizes Dénudés como he podido leer en la hoja promocional, y por extensión a lo que sería la parte más dulce y sosegada de Haino en alguno de su formatos en trío dejándose llevar por los aires psicodélicos de Neil Young y la delicadeza de “Zuma” o como si Mark Hollis se decidiera a sacar un disco con Bark Psychosis. Da igual por donde lo quieras enfocar, “Japan is Romantic” es una de las composiciones más brillantes de este año. Final en clave casi Harry Nilsson con “I Need A Good Night's Sleep” y esa forma de despedida con sensación de empujarte hacia la carretera para dejarte deslumbrar por los primeros rayos de sol de la mañana al salir de una noche inolvidable y con el cansancio en el cuerpo desear una noche de descanso después de todo este torrente noctámbulo de emociones. 

“Teenage Boys” es una obra que empuja la música de Ignatz hacia otro universo de sensaciones, igual de impactantes que la de sus obras en solitario pero en este caso, la capacidad para atraparnos es de un impacto incalculable. Sin duda, uno de los discos que más he disfrutado en mucho tiempo.

  listen ~ buy

Sunday, November 11, 2012

ignatz


"A limited to 100 copies tape by Ignatz (the Brussels-based Bram Devens). "Because Time Is Too Short", a C40 cassette, features 10 tracks of stunning acoustic guitar-based songs, wrapped with effects, and improvisation, and spontaniety: future blues." infinite limits 

"as a child I was not into music at all. I prefered reading books and writing and drawing. a nerd. one day I won a drawing competition and the prize was a flute. that was my first instrument. I played it for hours. later I got a portable cassette recorder and started recording "songs". I was 11 years old." bram devens
  
no puedo estar más feliz con el nuevo disco de Ignatz, es todo lo que siempre había buscado, como si hubiese leído mis pensamientos y compusiese estas diez canciones breves y sencillas siguiendo la estela de "she gets all she wants", aquella mini perla de folk destartalado que aparecía en el recopilatorio "god damn i hate the blues". tiene todo lo que más me gusta, Mississippi John Hurt, Rambling Boys, appalachian folk, space folk, folk de carretera, bluegrass..."(oh) i know you" !, el blues atmosférico de ''insight sight''...shhhh, el fingerpicking efímero y delicado con flautilla lejana de ''the evening light'', que no desentonaría como bonus track de "the hired hand" de Bruce Langhorne. el diminuto blues lunar, marciano, alienígena, de "I miss my dog". y como gran aliciente, el suave blues comatoso e hipnagógico de  "happy end",  Matt Mondanile y Willie Lane unidos por ritmos de palmeras y cactus grabando~flotando en Child of Microtones  y acompañados por Dredd Foole y Alan Lomax. "because time is too short", la canción, es puro Keijo Virtanen, tanto que si la escuchase sin saber de quién es no dudaría en decir que se trata de él, para de repente convertirse en algo que no existe manera humana de describirlo. "stop shining" es "the day the earth stood still", no sé porqué pero sí, una canción de bienvenida de los terrícolas del Delta del Mississippi y los campos de algodón... es inevitable que en el universo poético de Bram Devens, que siempre ha buscado ese sonido imperfecto, lo-fi, directo, haya espacio para mil y una metáforas sobre aliens y aquellos duendes que acercaban el blues al gospel y nos regalaban tonadillas imperecederas, rudimentarias, con alma, sin trampa ni cartón. no hace mucho una filomena me comentaba lo mucho que le había gustado verlo en concierto, lo grande que era, que intentase a toda costa verle en directo porque sabe muy bien lo que hace ('me sentí como en el centro de poder de un brujo antiguo')... después de esta inigualable belleza llamada 'because time is too short' ya no tengo ni la más mínima duda. próxima parada: Ignatz

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foto via vintage national geographic scans