microphones in the trees: marija strajnic
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Friday, December 10, 2010

high wolf / masaki nakazawa


"Masaki Nakazawa, from the amazing band Topping Bottoms, is easily one of my favorite guitarists in the world. I just spent one month touring Japan with him, saw him play almost every day, jammed with him numerous times. What I can say is when he plays it's like his japanese tatoos take life and every ghost from ancient Japan, every kami is summoned. Winged Sun is more than proud to release his first solo piece ever. A side long reverb desert blues with haunting percussion, reminding me of Sun Araw's "The Phynx".

High Wolf shares the tape with one long 15 minutes piece showing a lot of range. It's starting with the furthest exploration of his dark side ever put on record (spent too much time with Annapurna Illusion), then turn into a psychedelic jam sounding like we're back at pharao's times and we have those fucking pyramids to build and concludes with a totally stoned improvisation, mainly acoustic, with a good dose of spiritual music and a spirit of tribe communion. maybe the best winged sun release so far, trust me on this one." winged sun

Wednesday, February 10, 2010

keijo

"Maailma syntyy ('The World is Born') derives from the Finnish cosmogonic myth. The way of singing here is Keijo's adaption of the tradition he had learnt in the mid 1990s in Jyväskylä from Ville Elonheimo (who, by turn, had learnt it from his grandmother). For many years Keijo and Ville performed material influenced by ancient poems, such as this tale of creation.

Yön hetkinä ('At The Moments of Night') is named after the moments when the fragments of it were born, at night one is open and able to hear, when it is possible to hear other ways and other things than the day. The soundscape of the piece is like the night, you swell and churn, and sometimes something solid may come up." luovaja

Monday, March 05, 2007

mike tamburo


Mike Tamburo escribe unas líneas en el libreto del cd que, sin hablar apenas de su música, sirve para conocerle un poco más. su sinceridad es tan desarmante que se convierte en la mejor introducción posible a su música. todo, o casi todo, lo que desea saberse sobre Mike Tamburo se encuentra en esas palabras, en esa exhaustiva odisea para realizar su sueño, y en ese recorrido apasionante por la música folk de treinta y dos minutos llamado Dance Enis Dance.

"me estoy quedando sordo. he tenido problemas de oído toda mi vida, y cada día que pasa el zumbido es más y más fuerte mientras todo lo demás se vuelve más silencioso. es una de esas cosas que no tengo más remedio que aceptar. durante años he bromeado con ello, yendo incluso más lejos al titular un single de Meisha "The deaf will still feel our vibrations". pero honestamente, cuando pienso de verdad en que algún día no oiré, me asusto e intento consolarme a mí mismo. solía expresarle muy a menudo estas inseguridades a Sayas, y él siempre tenía una historia o algún ejercicio que me devolvían de golpe a la realidad. ejercicios que ponían al límite los sentidos y la concentración. la realidad podría destruirse con la caída de un simple alfiler. nos sentábamos durante horas, experimentando con las vibraciones de las cuerdas y jugando con las luces, o a veces totalmente a oscuras. un día me contó una historia sobre una comunidad de músicos sordos. esa historia volvía una y otra vez a mis pensamientos, y me di cuenta de que a través de ella encontraría mi paz. (la curiosísima historia la transcribe íntegramente en el cd).
un día, después de la muerte de Sayas, fui a una tienda de discos usados. me topé de bruces con un viejo Lp de 'The Korean Deaf Percussion Orchestra'. cuando lo vi una corriente de energía me atravesó el cuerpo. me había pasado incontables horas fantaseando sobre cómo sonaría esa comunidad. pensé que eso me daría una idea. le pedí al dependiente que pusiera el disco y lo que oí era básicamente música pop tocada por un grupo de los mejores percusionistas sordos de Corea. fue, honestamente, una pequeña decepción, pero despertó un pensamiento que me obsesionó durante dos meses de viaje. empecé a escribir música para una orquesta de sordos en Julio del 2005. quería escribir algo que pudiese ser interpretado basándose sólo en la vibración, más que en la melodía o la armonía. no se trataba sólo de componer sino de aprovechar los recursos de la amplificación para que las vibraciones se sintieran de muchas formas distintas. Llegué a Portland, Oregon, en Septiembre del mismo año. mientras, me había estado escribiendo con mi colaborador durante años, Matt McDowell, acerca de cómo dar forma esas ideas. por curiosidades del destino, sucedió que había de hecho una orquesta de sordos allí mismo, en Portland. decidimos que teníamos que finalizar este proyecto. Matt contactó con Andrew Howard, director en aquel momento de un programa de música en la Escuela Oral de Tucker-Maxon. al principio creyó que era una broma y casi hecha a Matt del edificio. cuando por fin llegué de nuevo a la ciudad fuimos los dos juntos a hablar con él. le conté la historia que Sayas me había contado, y que me estaba quedando sordo, y que ésta era la respuesta que estaba buscando. Andrew me hizo varios test de audición y comprobó que de verdad me estaba quedando sordo. empezó a trabajar con nosotros poco después. MacDowell y yo nos metimos de lleno en la composición de la música, notas que pudieran sentirse tanto como oírse. trabajamos sin descanso durante el mes siguiente y conseguimos algo de lo que nos sentíamos muy orgullosos. le dimos la música a Andrew, el cual tenía que enseñar a hablar a sus alumnos enseguida. fijamos la fecha de la actuación para el mes siguiente y preparamos un sistema de sonido adecuado. planeamos construir un escenario con veinte altavoces (cabinas de sonido) que prepararíamos y cubriríamos de madera. después de muchos días de trabajo con los músicos, individualmente, y con la orquesta al completo, llegó el día de la actuación. honestamente estaba destrozado. durante días estuve tomando dios sabe qué para permanecer despierto. desgraciadamente, Matt y Andrew estaban en la misma, si no peor, condición. Andrew me dijo que seguramente no podría enfrentarse a los padres en ese estado, y que quería cancelarlo. egoístamente dije que no había llegado tan lejos para ahora abandonarlo todo. estaba decidido a dirigir esa orquesta. los músicos se posicionaron sobre el escenario. y la música y el desastre dieron comienzo. en primer lugar la madera con la que habíamos cubierto los altavoces era demasiado frágil para aguantar una orquesta de veinte personas. se rompieron y seis músicos se cayeron de sus sillas. seguí dirigiendo a pesar de que muchos de los músicos estaban más pendientes de la caída de sus compañeros. me entró el pánico y empecé a agitar las manos más rapido, estampando el ritmo contra mis pies. la orquesta no podía seguirme, y el sonido se volvió una horrible masa de distorsión. de repente se cortó el sonido y se hizo el silencio. mi sueño no se había cumplido todavía.

sólo puedo dar gracias a Davide (aka polvere di farfalla) por haberme dado la posiblidad de llegar hasta él, hombre singular donde los haya, un ser magistral capaz de convertir la herencia de Fahey en un nuevo lenguaje. empiezan las primeras notas e inmediatamente la piel de gallina. una premonición de lo que me espera más adelante. del sonido Takoma de toda la vida, a las llanuras blancas con fondo azul de 'Gerry', al raga, a los apalaches, al sonido de los pájaros, a algo parecido a una manada de caballos al galope, a los drones y las reverberaciones. Fahey, Keenan Lawler, Sandy Bull, Harry Partch, Greg Malcolm, Tony Conrad... nombres muy comunes que Tamburo parece reinventar con la mayor naturalidad del mundo. quiere, y consigue, ir más allá. experimenta con diversas texturas y sonidos (guitarra acústica de seis cuerdas, cuencos tibetanos, armónicas cromáticas, altavoces, efectos, slides...) y a partir del minuto diecisiete se transforma en un torrente de emotividad que le sitúa en un punto y aparte. Tamburo va espolvoreando magia propia a través de unas notas de piano, de una orquesta de campanillas y amplificaciones, de golpes inesperados. me impresiona la facilidad con que se desliza de un estilo a otro, hay al menos cuatro cambios definitivos. el que se produce en el minuto veintiséis es estremecedor, Tamburo acelera de repente su ritmo cardíaco y lo que hace con las cuerdas y con sus manos no se puede describir. si hubiera que buscar un nombre que mostrara toda la esencia de una guitarra, nadie lo tendría más merecido que él. no hay secretos ni rayos de luz, sólo magia. repaso sus fotos. ofrece una imagen distinta en cada una, o a mí me lo parece. se ve que su capacidad creativa supera casi lo musical. Dance Enis Dance es algo que perdurará, al menos en mí. ni áspero ni chirriante, sencillo y cautivador como un paseo por el campo.