Blood, Wired to the Sky, Spitting at the Camera, We must also Love the Thieves, ....para quedarse sin aliento. después de algo tan bonito como Dead Sue, el hechicero de Tennessee parecía obligado a avanzar un paso más: lo ha dado junto a Jarvis Taveniere (Vanishing Voice, Meneguar), DM Seidel (Vanishing Voice), Jeremy Earl (Woods, Meneguar), Steve Shelley (Sonic Youth), Lee Ranaldo (que canta y toca el piano) y Jessica Toth en James and the Quiet, su gran obra, más cautivador incluso que
Second Attention. en todo lo que hace, que es mucho, él es la referencia y la garantía, parece tocado por una especie de ángel que no tiene fin. folk celestial sin fecha de caducidad. la novedad es que ahora James ha ido directo al meollo, a la melodía en estado puro, gracias sobre todo a una indescriptible Jessica Toth que siempre le acompaña con su voz o componiendo preciosas armonías. de hecho la afinidad entre Jessica y James comenzó a cimentarse en los discos de
Wooden Wand & The Vanishing Voice, donde Jessica tocaba la guitarra y cantaba ocasionalmente. sutileza, encanto, calidez, América, las calles y los atardeceres de Knoxville, gospel crepuscular, Kris Kristofferson, Waylon Jennings, Leonard Cohen (Invisible Children), la quietud majestuosa de Wired to the Sky, ...James and the Quiet posee la mágica e imperfecta emoción de sus colaboraciones con Hush Arbors y Satya Sai versionando a Neil Young. son las melodías, y ese rasgueo inconfundible de guitarra, los que se encargan de convertir sus versos en canción. todo el disco es de una envergadura sublime y resulta difícil escoger canciones, pero los primeros acordes de guitarra de Blood rozan la perfección, tres minutos y medio que resumen toda la grandeza de los pequeños pasos de James Toth, un bucle de piano, guitarra y voz, un relato de cariño y de dolor que engancha una y otra vez. si hubiera que poner un pero, o todo lo contrario, es que al final treinta y pocos minutos se hacen muy cortos para un disco tan grande. todas y cada una de sus canciones pasan en un suspiro y ganan de verdad de verdad cuanto más las escuchas, canciones repletas de melodías que no envejecen por años que pasen.
James Toth despide sus días con the Vanising Voice y dirige su mirada hacia ese horizonte anaranjado y romántico que ilustraba la portada de Second Attention.